¿Y cómo lo imaginabas?
¿Y ..?
Te dije que no metieras la mano tan dentro mí,
que no sabía lo que te ibas a encontrar.
Si ya estás satisfecha puedes sacarla y dejar de pasarlo mal.
Así dejas de quejarte.
- No me quejo, imbécil, sólo te describo lo que siento al tocarte y acariciarte por dentro... aunque si no te estás sintiendo bien puedo dejar de hacerlo...
Sólo siento miedo, como si fueras a encontrar algo oculto o arrancar algo que no te pertenece.
- Aquí hay un agujero... puedo meter un dedo...¿Te duele?
Haz lo que te plazca. Mete el dedo, un cuchillo...
- ¿Porqué me dices eso?
Porque al final todos han cogido su trozo y todas han dejado su agujero.
- Sigues sin entenderlo, yo he venido a rellenar tus huecos.
El día que metiste tu mano dentro de mi para acariciarme con tus dedos largos y suaves me susurraste al oído que estaba rugoso como el carbón dulce.
Yo no sabía que por dentro estaba tan áspera y agrietada... y tú no sabías de tus dotes de restauración.
El día que te metiste hasta dentro me dejaste en blanco.
Sin un título ingenioso, sin poder explicar de qué iba todo esto.